Robert Fortune, el Espía que Reveló los Secretos del Té
Robert Fortune, el Espía que Reveló los Secretos del Té
Cada vez que escuchamos la palabra “espía”, es muy probable que pensemos en el prototipo cinematográfico construido en torno a la figura de James Bond, ¿verdad? Es que es inevitable pensar en aquel personaje de vestimenta impecable y dispositivos tecnológicos sorprendentes, deslizándose sigiloso por las oficinas donde se mueven los hilos que manejan el mundo.
Sin embargo, la actividad de espionaje es en realidad algo mucho menos espectacular y glamouroso, así como también mucho más frecuente. Hablamos del famoso espionaje industrial, que busca desentrañar secretos de la competencia para obtener ventajas comerciales. Y no es una práctica extraña en el mundo actual, especialmente en el ámbito de la tecnología.
Pero, ¿sabías que en el ámbito tealero existió un personaje que desempeñó labores de espía, infiltrándose en actividades productivas para extraer información confidencial? Continúa leyendo para que conozcas todos los detalles de este curioso episodio en la historia del té.
Pero antes, un poco de Contexto
Como hemos comentado anteriormente en este mismo espacio, la cuna del té por antonomasia es China. Fue este país el que desarrolló su cultivo y producción, y durante muchísimo tiempo fue el único país exportador de este bien.
En este escenario, cuando los ingleses empezaron a comprar té a los chinos en el siglo XVII a través de la East India Company (compañía que tenía el monopolio del comercio con oriente según disposición real), se encontraron con un gran problema práctico al momento de pagar las importaciones. El gigante asiático no quería los bienes que los ingleses ofrecían como intercambio, y sólo aceptaba lingotes de plata. Por esta razón, estos comenzaron a pensar en formas de resolver ese inconveniente.
Comienzan las pruebas para plantar té en India
Así las cosas, en el año 1774, los miembros de la East India Company decidieron experimentar con cultivos de té en India. A la fecha, se encontraba bajo su influencia comercial, plantando semillas de té traídas desde China en el jardín botánico de Calcuta, para realizar ensayos.
Por otra parte, años más tarde, durante el primer tercio del siglo XVIII, diversos exploradores reportarían indicios de que la planta del té crecía naturalmente en la zona de Assam, en el noreste del país. Se trataba de la variedad assámica del género Camellia Sinensis.
En 1835, se contrató a algunos trabajadores chinos para apoyar los experimentos y un nuevo cargamento de semillas provenientes de China fue plantado en el jardín botánico de Calcuta. Con posterioridad, esas plántulas fueron insertadas en diversas zonas de India. Entre ellas Assam, con éxito moderado. Una gran cantidad de ellas no prosperó debido al clima y a la falta de expertiz en su cultivo.
La ambición v/s la salud pública…
En otro flanco, los miembros de la East India Company decantaron por emplear como moneda de pago por el intercambio de bienes chinos el opio que cultivaban en India. Como es sabido, el opio consiste en una sustancia extraída de la flor de la amapola (Papaver somniferum), con propiedades narcóticas y analgésicas.
Para los británicos fue relativamente sencillo cautivar a los chinos con esta moneda de pago, quienes comenzaran a manifestar un problema generalizado de drogodependencia. Se volvieron inhábiles para trabajar así como para desempeñar tareas militares.
En cambio, los británicos se vieron aliviados porque con esta exportación de opio pudieron superar el déficit comercial que sostenían con China, logrando prescindir de los lingotes de plata a la hora de comprar té, así como otros productos valiosos, como seda y porcelana. Cabe señalar que esta droga se encontraba prohibida en aquel país, por lo cual su internación era completamente ilegal.
Del Opio a las Guerras
Finalmente, las consecuencias del narcotráfico inglés se volvieron tan graves que en 1839 el emperador chino Daoguang decretó la incautación del opio ingresado a territorio chino. Pero el problema comercial continuó escalando e implicó una serie de escaramuzas bélicas que se convertirían en la Primera Guerra del Opio (1839-1842).
Este conflicto armado culminó con el tratado de Nanjing, en el que China resultó bastante desfavorecida, debiendo entre otras cosas entregar la isla de Hong Kong al dominio británico y poner a disposición comercial de estos los puertos de Amoy, Fuzhou, Ningbo, Cantón y Shanghai.
El Comienzo del fin del Monopolio
La Primera Guerra del Opio dejó al descubierto la fragilidad del abastecimiento de té de los ingleses, por lo que la East India Company decidió reforzar su camino destinado a acabar con el monopolio chino en este sentido, para lo cual se propuso develar los secretos del té producido en ese país, para aprovechar ese conocimiento en sus propias plantaciones coloniales.
¿Y dónde entra Robert Fortune en todo esto?
Robert Fortune tenía el cargo de Recolector Botánico de la Sociedad Horticultora de Londres. Su vida era seguramente muy apacible, como la de cualquiera de sus colegas, hasta que la East India Company le propuso la curiosa misión de viajar a China para desentrañar los secretos de cultivo y producción del té, lugar al cual partió en 1843, atracando en las costas de la de isla de Hong Kong el 6 de julio de ese mismo año.
Un desafío casi imposible…
Hoy en día sería aquello una tarea difícil, pero abordable. Uno podría llevar un diccionario de bolsillo y tal vez incluso una herramienta de traducción digital. También podríamos googlear previamente las rutas que se quiere realizar o guiarse simplemente por GPS.
Pero en esa época la tarea era verdaderamente titánica, porque el viaje debía mantenerse en secreto, y además luego del término de la guerra, el gobierno local prohibía cualquier cooperación con ingleses fuera de las zonas portuarias abiertas al comercio británico. Sumémosle a eso el hecho de que Fortune no hablaba el idioma en absoluto y además debía dirigirse hacia el interior del país, hacia la China más profunda y desconocida.
Y entonces, ¿cómo pudo Robert Fortune pasar desapercibido?
Así las cosas, Fortune dejó Hong Kong con destino a Amoy (hoy Xiamen, provincia de Fujian). Posteriormente recorrió extensamente las zonas tealeras de Zhejiang, Fujian y Guangdong. Para tener éxito en la clandestinidad de su travesía, debió conseguir guías de viaje que guardaran su secreto, trasladarse frecuentemente de noche, disfrazarse como un mercader chino e incluso adoptar un nombre como tapadera: Sing Wa.
Los Resultados de su Travesía
Es importante tener presente que hasta ese momento el cultivo y procesamiento del té eran un secreto guardado dentro de los confines de la hermética cultura china. Por lo tanto, para los británicos los pormenores de su producción eran un completo misterio y para los botánicos su taxonomía no era categórica.
Así las cosas, el descubrimiento más importante realizado por Fortune fue comprender que el té negro y el verde provenían de la misma planta. De esa manera corrigieron el esquema establecido por Carl Linnaeus, que fue quien identificó y dio su nombre al género Camellia Sinensis en 1753. Hasta ese momento se creí que ambas variedades de té provenían de dos especies diferentes, Thea bohea (té negro) y Thea viridis (té verde).
Asimismo, también aprendió sobre formas y épocas de cosecha, distribución y gestión de las plantaciones. Esto junto a las técnicas empleadas para el procesamiento de las hojas de la Camellia Sinensis.
Otro curioso hallazgo
Otro importante aprendizaje de este espía botánico consistió en exponer un curioso caso de adulteración. Mientras se encontraba en una fábrica constató que las manos de los trabajadores estaban teñidas de una coloración azulina.
Indagando más a fondo, descubrió que algunos productores chinos teñían el té verde con una mezcla de azul prusiano (ferrocianuro de hierro) y yeso (sulfato de calcio deshidratado). De esa manera lo volvían de un color verde más intenso, en la creencia de que los ingleses lo preferían de un color vibrante, y así hacer el producto más atrayente.
Los aportes de su hazaña
Sin duda la consecuencia más importante del viaje del botánico Robert Fortune fue exponer los secretos del té la luz de la ciencia botánica de la época y ante el ojo occidental.
Además, gracias a sus conocimientos adquiridos se reforzó la producción de té en India. Incluso logró llevar trabajadores chinos experimentados hasta dicho país con la finalidad de trabajar en las plantaciones británicas. También logró entrenar a residentes locales para laborar en aquellos campos.
Finalmente, la plena incursión de los ingleses en el rubro del té, empoderados con todo este nuevo conocimiento, traería a la larga el fin del monopolio chino del té. También un floreciente nuevo negocio para el colonialismo inglés.
Un legado que perdura hasta el día de hoy
Robert Fortune abandonó China en diciembre de 1845, con un cúmulo de conocimiento crucial para la industria del té. Si bien es cierto que su trabajo pudiera ser cuestionable desde el punto de vista ético, debido a una actitud colonial y comercial de aprovechamiento, lo cierto es que en cierta forma le debemos la apertura de los secretos del té a occidente, en relación con su producción.
En efecto, una vez consolidada, la industria del té inglesa no sólo abarcó india, sino que también se extendió hasta otra de sus colonias, Sri Lanka. En la actualidad ambos países son dos de los mayores productores de té del mundo.
Finalmente, ¿qué podemos aprender de esto?
Sin duda la historia de Robert Fortune es verdaderamente fascinante. Él recorrió “lugares donde supuestamente ningún inglés había estado antes”, tal como indica en las memorias de su viaje, llamada “Three Years Wanderings in The Northern Provinces of China, including a visit to the tea, silk and cotton countries: with an account of the agriculture and horticulture of the chinese, new plants, etc”. (Tres años de andares por las provincias del norte de China, incluyendo una visita a los países del té, la seda y el algodón: con un recuento de la agricultura y horticultura de los chinos, nuevas plantas, etc”. ), libro que fue publicado en 1847.
Su tesón y profunda curiosidad le permitieron experimentar la que fue la gran aventura de su vida, y a la vez abrir las puertas del conocimiento del té al mundo occidental.
Así que la próxima vez que bebas ese Darjeeling que tanto te gusta, piensa que a pesar de provenir de India, sus diminutas hojas se deben al desarrollo artificial de la subespecie sinensis de la Camellia China en las tierras propias de la subespecie assámica. Todo ello, gracias a Robert Fortune y al conocimiento de los secretos tealeros que permitieron consolidar la experimentación inglesa en territorios ajenos a la cuna del té.
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Muchas gracias.
Nota desarrollada por: Marion Garín
Equipo de Tea Institute Latinoamérica

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